invirtiendo a largo plazo

«Invirtiendo a Largo Plazo», de Francisco García Paramés

Invirtiendo a Largo Plazo – Hoy os traemos el resumen del libro Invirtiendo a Largo Plazo«, de Francisco García Paramés, en el que el autor comparte su experiencia como inversor. García Paramés (conocido como el «Warren Buffett español») es uno de los gestores de fondos más exitosos de todos los tiempos y podemos aprender mucho tanto de su trayectoria como inversor como de su filosofía de vida. Sin lugar a dudas se trata de un libro altamente recomendable para toda persona, tanto novel como experimentada, que desee invertir en bolsa de manera sosegada pero muy rentable a largo plazo.

Quién es Francisco García Paramés y cuál es su filosofía de inversión

Francisco García Paramés es un muy conocido gestor de fondos español. De hecho, no sólo es uno de los gestores value europeos más reconocidos tras haber desarrollado su carrera durante 25 años con un ‘track record’ que le sitúa en la cabeza de los ranking de rentabilidad. Es, además quizá uno de los mejores inversores a nivel mundial, motivo por el cual le hemos incluido en nuestra lista de los 10 mejores inversores de la historia.

Como director de inversiones de Bestinver, sus clientes obtuvieron una rentabilidad media anual de casi el 16% desde 1993 a 2014, es decir más del doble que los índices tanto españoles como globales. Y eso que llegó a gestionar 10.000 millones de euros, lo cual es una cantidad muy importante para obtener una rentabilidad tan elevada.

Desde principios de 2017 está al frente de la gestora Cobas Asset Management y es de esperar que sus resultados sean tan buenos como en los 25 años anteriores pues se mantiene fiel a su filosofía de inversión y el resto del equipo es también excelente.

García Paramés es un ferviente defensor de la enseñanza continua y se considera autodidacta, habiendo adquirido un elevado conocimiento de la economía y los mercados financieros a través de numerosas lecturas. Su estilo de gestión se basa en la aplicación estricta de los principios de la escuela de la inversión en valor (value investing, también conocida como inversión sensata a largo plazo), en el marco de la teoría austriaca del ciclo económico, y se considera un fiel discípulo de Warren Buffett.

«Invirtiendo a Largo Plazo»

«Invirtiendo a Largo Plazo – Mi Experiencia Como Inversor» es un libro muy fácil y ameno de leer, incluso si no tienes grandes conocimientos de la bolsa y los mercados financieros. Y, sin embargo, es uno de esos libros que le pueden cambiar a uno la vida puesto que nos abre los ojos sobre el mundo de las inversiones y, más concretamente, sobre la inversión en acciones de empresas cotizadas.

El propósito del libro es, como su propio título indica, compartir la experiencia de García Paramés como inversor a lo largo de más de 25 años para que la gente pueda aproximarse a la inversión sin miedo. El mismo se ha aproximado y ha salido bien parado, por lo que conviene escuchar atentamente el mensaje que nos quiere hacer llegar.

Según las propias palabras del autor, «Invirtiendo a largo plazo implica otra forma de hacer las cosas: no seguir las convenciones recibidas, huir de lo evidente, nadar a contracorriente. Hay que leer, hay que pensar, hay que estar dispuesto a arriesgarse y a no hacer concesiones excesivas«.

El libro está dividido en dos partes. La primera parte cuenta el recorrido de García Paramés desde sus tiempos en la universidad hasta convertirse en director general de inversiones de Bestinver, donde primero hizo gestión en solitario para posteriormente pasar a la gestión en equipo. La segunda parte de «Invirtiendo a Largo Plazo», algo más extensa y técnica, comparte con el lector las claves de la inversión. Ambas partes del libro son igualmente interesantes y útiles para entender el proceso de inversión aplicado por un gestor tan exitoso como es García Paramés.

A continuación vamos a resumir algunas de las ideas más interesantes y novedosas de «Invirtiendo a Largo Plazo», muchas de las cuales vienen en forma de recomendación.

Primera parte de «Invirtiendo a Largo Plazo» – La historia

En los primeros capítulos del libro García Paramés cuenta por qué escogió estudiar Ciencias Económicas y Empresariales y de cómo empezó a interesarse por las inversiones y la bolsa a través de una revista de negocios que tenía en la portada un jugador de la NBA, que fue lo que le llamó la atención pues es un gran aficionado del baloncesto. Comparte también con el lector su experiencia cursando un MBA en el IESE de Barcelona y cómo llegó hasta Bestinver para posteriormente convertirse en su director de inversiones.

En estos primeros capítulos el autor explica que hay que crear una cartera propia desde el primer momento. La cantidad invertida es irrelevante; lo decisivo es organizar un buen proceso que nos satisfaga a nosotros mismos, y si es posible, que funcione.

Otro consejo muy importante que encontramos en esta primera parte de «Invirtiendo a Largo Plazo» es que es imprescindible diversificar nuestras inversiones pues hasta en los momentos en que estamos más seguros de nuestras tesis (es decir, ideas de inversión) nos podemos equivocar.

A lo largo de todo el libro García Paramés hace hincapié en la importancia de la paciencia. La paciencia no sólo consiste en esperar a que suban los valores en los que hemos invertido, sino también en saber esperar a que valores caros bajen hasta situarse a precios interesantes.

En relación con la paciencia, el 30 de septiembre de 2008, justo después de la caída de Lehman Brothers, mandó una carta a los accionistas de los fondos de Bestinver diciendo que «aunque parezca sorprendente, las acciones son el mejor activo para conservar el patrimonio cuando el sistema financiero estalla, por lo que con paciencia y tranquilidad recogeremos los frutos a medio plazo«.

A lo largo de sus 25 primeros años de experiencia, García Paramés ha vivido todos los mercados posibles. Es particularmente interesante su experiencia en ciclos bajistas, de los cuales el libro abarca dos: la burbuja de las puntocom a principios de siglo y la crisis de las subprimes que comenzó en 2008. De hecho, el libro explica de manera realmente comprensible cómo se fraguó la burbuja inmobiliario tanto en Estados Unidos como en España (los tipos de interés reales negativos provocaron un crecimiento excesivo del crédito), lo cual hizo que acertaran al no invertir en el sector bancario durante muchos años.

Explica que estas malas rachas siempre van a existir; siempre, y para todos los gestores. Para tener éxito en esa travesía se necesitan esencialmente dos cosas: primero, haber construido la confianza de los inversores y del entorno en general (para lo cual la transparencia juega un papel fundamental). Segundo, estar dispuesto a no hacer concesiones y no cambiar de filosofía de inversión.

A raíz de las crisis el autor explica que siempre ha dormido tranquilo puesto que nunca se han puesto en corto (que consiste en apostar a que un activo va a bajar de precio a través de productos derivados, opciones y futuros). Tres motivos justifican esta decisión:

  • Son optimistas y piensan que las cosas siempre van a mejor.
  • El tiempo juega en contra del inversor en corto, pues los activos reales de calidad tienden a revalorizarse.
  • Las posiciones cortas son casi exclusivamente inversiones a corto plazo, y a ese plazo los movimientos son prácticamente imposibles de predecir (son completamente aleatorios). Ponerse corto a largo plazo es casi imposible.

A raíz de la presentación de la cartera global explica que se puede obtener una rentabilidad muy satisfactoria a pesar de tener algunos fracasos, y la clave para ello probablemente sea doble: acertar más que fallar y tener mucho cuidado con el tamaño de los errores.

La crisis también le permitió constatar que una buena cartera enfocada al largo plazo resiste todo, hasta la repentina marcha de uno de sus gestores en un momento de mercado bajista.

Esta primera parte termina concluyendo que debe de existir coherencia entre la forma de invertir y la forma de vivir de las persona, y que hay que invertir con excedentes en forma de ahorro, con dinero no necesario para nuestra vida diaria. La deuda, en cambio, debe ser un componente pequeño de esa inversión.

Segunda parte de «Invirtiendo a Largo Plazo» – La teoría: Las Claves de la Inversión

A continuación vamos a recalcar los puntos esenciales de cada uno de los capítulos que componen la segunda parte del libro, dedicado a las claves de la inversión.

La Escuela austriaca de Economía

A lo largo de este capítulo se presentan a los principales pensadores de la Escuela austriaca, que tanto han influenciado en la manera de invertir de García Paramés.

El autor explica que tener un conocimiento de experto de la economía no es esencial para las decisiones diarias de inversión, pero sí es conveniente contar con un marco conceptual sólido de base, una idea suficientemente profunda del asunto que nos permita caminar con brújula.

Lo más importante es la comprensión de la acción humana en el ámbito de la economía, que nos va a permitir ver el futuro con más claridad y vivir más tranquilos.

El autor concreta también algunas ideas de la Escuela austriaca que para él tienen una aplicación real en un proceso de inversión. Algunas de las más destacadas son:

  • Los mercados funcionan, por definición. Por lo tanto, a mayor intervención, menor crecimiento económico y menor seguridad jurídica, por tanto, menor disposición a invertir en esa economía.
  • Los mercados nunca están en equilibrio. Los mercados están inmersos en un proceso continuo e inacabable, y siempre habrá un emprendedor intentando aprovechar un conocimiento nuevo o una descoordinación temporal para ofrecer un producto a un precio atractivo y con un coste razonable.
  • La explicación austriaca del proceso productivo como el del sacrificio inmediato para desarrollar una capacidad productiva más profunda e incrementar la productividad, tiene como elemento esencial el tiempo. Por lo tanto, nuestro proceso inversor debe también rechazar la satisfacción inmediata de nuestras necesidades de consumo y, posteriormente, de inversión. Ahorramos y comenzamos el proceso inversor sacrificando resultados inmediatos. Sólo recogeremos frutos si somos capaces de ver más allá de ese momento inicial en la inversión.
  • Existe un tipo particular de intervención en el mercado del dinero de especial transcendencia: la manipulación de la moneda mediante el control de los tipos de interés por los bancos centrales. Así pues, el inversor debe evitar economías que basen su crecimiento en la creación de crédito al amparo de tipos de interés bajos establecidos por los bancos centrales.
  • La falta de una moneda respaldada por el oro o algo similar independiente de una decisión política, implica que ésta se depreciará permanentemente frente a los activos reales. Por lo tanto, conviene siempre invertir exclusivamente en activos reales, salvo por necesidades puntuales de liquidez.
  • Los modelos económicos son prácticamente inútiles, por lo que hay que contentarse con unas predicciones generales y limitadas.

La conclusión de este capítulo es que, en base a su experiencia, García Paramés considera que la visión a largo plazo que debe tener todo inversor se complementa perfectamente con una escuela de economía con un marco de razonamiento sólido y con perspectiva también a largo plazo. Comprender el funcionamiento general de las instituciones económicas será, en tantos momentos de volatilidad, una brújula de conocimiento que nos va a dar la tranquilidad necesaria para navegar en aguas revueltas.

La inversión

En nuestra opinión, este es el capítulo más valioso de todo el libro.

El capítulo comienza destacando la importancia decisiva del ahorro, ya que el ahorro es la clave de la inversión y la fuente esencial de la riqueza futura. Sin ahorro no hay inversión sana ni bienestar general.

La inclinación personal al ahorro está condicionada por muchos factores: la renta, la edad, las oportunidades de consumo e inversión, la ansiedad ante el futuro, etc. No hay dos personas con la misma inclinación, ni ésta se mantiene estable a lo largo del tiempo.

La realidad es que el ahorro se convierte para muchas personas en un problema – afortunado – que hay que resolver.

Decidir cómo invertir nuestros ahorros debe ser en toda circunstancia un proceso lento y madurado de evaluación de alternativas a partir de nuestras necesidades particulares y de las características de esas alternativas.

Cualquier inversor debe tener como primer objetivo mantener el poder adquisitivo de sus ahorros. La idea de ganar poder adquisitivo debe ser posterior a, por lo menos, mantener la situación de partida.

Los activos reales cumplen esa función, pues lo mantienen por definición; podemos adaptarlos a cualquier entorno económico. Dentro de ellos el atractivo dependerá de su calidad, representada ésta por el grado de diferenciación del activo. Los activos más interesantes son las acciones cotizadas.

En este capítulo el autor explica también que no es cierto que la mayor rentabilidad ofrecida por las acciones implique asumir más riesgo. Las acciones están sujetas a una mayor volatilidad a corto plazo, pero no a largo plazo. Cuanto más largo es el plazo que analizamos, la volatilidad disminuye progresivamente. La conclusión es que para todo inversor a largo plazo, las acciones no sólo le permiten obtener mayor rentabilidad, sino que lo hace asumiendo menos volatilidad.

No tiene sentido la excusa de que en una crisis caerá su precio, ya que, primero, esas crisis son siempre temporales y nuestro horizonte debe ser a largo plazo y, segundo, debemos invertir con aquellas disponibilidades no necesarias.

El tiempo ha demostrado que las acciones tienen un comportamiento extraordinario a largo plazo, con rentabilidades sustancialmente superiores al resto de activos, asumiendo menos volatilidad a largo plazo y menos riesgo a corto y largo plazo.

La conclusión es evidente: el grueso de nuestros ahorros debe estar invertido a largo plazo y en acciones. Unicamente mantendremos posiciones en activos monetarios para cubrir necesidades puntuales de tesorería.

Este capítulo contiene un anexo 2 muy interesante, sobre cómo invertir a lo largo de la vida. El libro explica que las circunstancias cambian a lo largo del tiempo y, por tanto, no tiene sentido aplicar las mismas reglas ante una diferente situación personal. Así pues, el autor da consejos de cómo invertir según la fase en la que nos encontremos. Cabe destacar que los primeros pasos no es invertir en los mercados financieros, sino en uno mismo. El principal activo es uno mismo, por lo que debe ser nuestro objetivo prioritario mejorar nuestras habilidades y así ofrecer una propuesta atractiva a los que nos rodea. Esto implica normalmente un sacrificio monetario o un esfuerzo en tiempo que, posiblemente, sea el más rentable de todos. El anexo pasa a explicar en qué momento conviene empezar a invertir en bolsa y adquirir la residencia principal. Por último explica cómo invertir en la madurez, cuando se suele hacer más difícil ahorrar.

Gestión pasiva y/o activa

Ahora que ya hemos decidido que vamos a invertir nuestros ahorros en acciones, el siguiente paso es elegir cómo nos exponemos a esas acciones.

Existen esencialmente 4 posibilidades de inversión en acciones:

  • Gestión pasiva (que supone invertir a través de fondos que replican un índice)
  • Gestión activa
    • Indices fundamentales
    • Gestores activos
    • Inversión directa en acciones

El libro analiza cada una de estas posibilidades en detalle. En resumidas cuentas, dice que la gestión pasiva es la adecuada para los inversores que están convencidos de que hay que invertir en un tipo de activo determinado y y son conscientes de la dificultad que supone batir el mercado con costes moderados.

Respecto a los gestores activos dice que, a pesar del coste que suponen en comisiones y de la poca certidumbre sobre la continuidad de los buenos resultados, nos quedan algunas razones para invertir en gestores activos:

  • Hay gestores que aprovechan la ineficiencia del mercado, y lo pueden seguir haciendo en el futuro. Un claro ejemplo de ello es Warren Buffett, que sistemáticamente bate el mercado.
  • Es posible que no sepamos elegir el fondo semipasivo o fundamental que nos encaje, o que no lo encontremos. Sin embargo, con un buen gestor activo delegamos la gestión de elegir qué estrategia utilizar.: PER bajo, alta rentabilidad por dividendo, bajo precio/valor contable, etc. Los buenos gestores activos nadan entre las aguas de las múltiples estrategias que permiten encontrar acciones atractivas y, precisamente por eso obtienen buenos resultados.
  • La estrategia correcta puede ser distinta cada año, por lo que hay que recomponer la cartera casi continuamente. Esto es lo que hacen los gestores activos, pero no es fácil de hacer para un inversor privado.

Estas pueden ser razones suficientes para pensar en invertir a través de un gestor activo siempre que se tenga confianza en él. Si encontramos alguno o algún equipo que por su trayectoria nos dé tranquilidad, invertimos. Si no es así, nos conformamos con las estrategias pasivas y no estaremos cometiendo ningún error.

Respecto  la inversión directa en acciones, García Paramés dice que conoce a inversores privados estupendos, que al no tener que rendir cuentas a terceros toman las decisiones con un enfoque a largo plazo y en completa libertad. En la actualidad existen los medios adecuados para hacer nuestro propio análisis y la ejecución de nuestras inversiones en acciones. Lo único que hace falta son tiempo y ganas. Sin embargo, el principal problema de la inversion directa son los impuestos. Invertir directamente en acciones es más gravoso para un inversor particular que invertir en un fondo.

La conclusión de este capítulo es que hay varias maneras de tener exposición a acciones, el mejor activo para invertir. Elegir entre ellas no es una tarea fácil y la mejor decisión será posiblemente una combinación de todas: índices, pasivos o fundamentales, algunos gestores activos que nos gusten y algunas acciones para mantenernos “alertas”. No existe una fórmula mágica para calcular la proporción exacta. Recomendaría al lector que empezara su análisis por los fondos índices, para animarse paulatinamente a alternativas más activas, conforme vaya conociendo mejor los mercados.

La inversión en acciones (I): Educación y principios

Este capítulo empieza explicando cómo invertían grandes inversores de valor tales como Benjamin Graham o Philip Fisher. Por supuesto, también le dedica la parte que se merece a Warren Buffett del que, recordemos, el autor se siente fiel discípulo. Buffett no busca acciones que tengan liquidez, y no busca accionistas que compren y vendan acciones constantemente. Al revés, quiere socios a largo plazo que mantengan esas posiciones de forma permanente.

El capítulo indaga en las ventajas competitivas que deben de tener los mercados para que las empresas que en él juegan sean interesantes: ventajas de costes, existencia de costes de cambio activos intangibles, “efectos de red”, etc.

Si esas compañías en sectores atractivos tienen además posibilidad de un cierto crecimiento que permita la reinversión de capital, estaremos hablando de la inversión ideal, con la ventaja adicional de encajar con una filosofía de inversión a largo plazo.

La inversión en acciones (II): La oportunidad: Valoración. Gestión

La tarea de encontrar compañías extraordinarios a un precio razonable no es fácil, pero con tiempo y paciencia esas pequeñas joyas acaban apareciendo en el camino. La causa típica es un problema temporal que hace caer su cotización a un nivel terrenal.

El trabajo del inversor o del gestor es encontrar esas compañías minimizando el riesgo de error, por lo que debemos intentar ver maneras de llegar a ellas sin poner en cuestión su claridad o sostenibilidad. Podemos hacerlo por varios caminos, pero el primero debe ser trabajar en un campo conocido, dentro de nuestro círculo de competencia.

A continuación García Paramés da una lista de algunas de las razones que le han permitido encontrar valor en compañías cotizadas:

  • Estructura accionarial: las empresas familiares tienen intereses alineados generalmente con el resto de accionistas, lo que permite controlar adecuadamente a los ejecutivos externos.
  • Organización de los activos: se refiere a las compañías holding o conglomerados. Invierten en negocios no relacionados entre sí, en ocasiones sin una lógica clara, lo que no suele gustar a los inversores. Sin embargo, estas compañías tienen un buen comportamiento bursátil, y tarde o temprano todos los holdings cotizan al valor de sus participadas o incluso por encima.
  • Geografía: cuando el negocio se localiza en un país distinto a la sede oficial al de cotización de la acción, puede haber distorsiones atractivas.
  • Pequeñas compañías: son menos seguidas por la comunidad inversora, por lo que podremos encontrar pequeñas grandes joyas.
  • Compañías cíclicas: probablemente sea la manera más fácil y menos arriesgada de encontrar oportunidades. Hay que afrontar los ciclos económicos con una enorme paciencia, pero tranquiliza saber que una caída en la cotización se debe únicamente al ciclo y no a algún posible factor competitivo desconocido.
  • Tipos de acciones: han encontrado descuento a través de acciones sin derecho a voto.
  • Proyectos a largo plazo: los inversores no son pacientes y el mercado bursátil a veces no es el lugar adecuado para estos proyectos, creándose una incorrecta formación de precios y una posible oportunidad inversora. La paciencia es, sin ninguna duda, la mejor rama del que dispone un inversor, por encima de a inteligencia y de otras capacidades. Insiste en que la paciencia es el único atributo imprescindible para invertir con acierto. El inversor paciente y mínimamente informado ha encontrado la piedra filosofal: el Dorado.

Una vez que ya sabemos qué tipos de compañías son más atractivas (al menos en la experiencia del autor), explica que cuando se invierte directamente en acciones hay que diversificar la cartera en un número mínimo de valores. La cifra exacta no es lo esencial, aunque podemos considerar 5-6 valores como un mínimo imprescindible. A partir de ahí la cantidad dependerá del conocimiento que se vaya adquiriendo de las compañías, pero sin necesidad de sobrepasar un número razonable, entre 15 y 25 valores, por ejemplo.

También nos da una serie de compañías que, por lo general, conviene evitar, como por ejemplo compañías enfocadas en el crecimiento exagerado, compañías que están comprando otras de forma repetida, negocios con una vida todavía corta o negocios con contabilidad opaca, acciones caras, etc.

El último paso para la selección de acciones es su valoración. Específicamente los cálculos necesarios para determinar el precio objetivo que debe ser nuestra guía. Es el último paso y probablemente el más fácil en el proceso inversor.

Al respecto, García Paramés se detiene en explicar por qué es tan importante el beneficio normalizado y cómo calcularlo. En suma, la normalización permite aproximarnos a la valoración con una mayor dosis de exactitud, lo que permite mitigar parcialmente la dificultad que supone predecir el futuro.

Resumiendo, la acción perfecta es una acción preferente de una mediana compañía con estructura de holding familiar, cotizando en un mercado inadecuado, que tenga un componente cíclico y/o inversiones a largo plazo.

A continuación el libro narra un día en la vida de un gestor. Lo que más llama la atención es que se pasa el día leyendo en solitario y no siguiendo el curso de las acciones (García Paramés no sigue los mercados hasta que éstos cierran), y que vuelve pronto a casa (nunca después de las 8). El nexo común de cada día es la constancia, que aplicada a una actividad que mantiene su atractivo a lo largo del tiempo tiene un efecto muy positivo.

El inversor irracional: cualquiera de nosotros

En este último capítulo de “Invirtiendo a Largo Plazo”, García Paramés explica que la psicología es un elemento muy importante para invertir en bolsa y que ciertos pensamientos irracionales nos pueden resultar muy costosos. Nuestras emociones son el principal inconveniente para obtener buenos resultados en nuestras inversiones. Por ello, hay que dedicarle el tiempo necesario al conocimiento de nuestras debilidades. De lo contrario, no merece la pena invertir, ya que los resultados serán mediocres.<>

Por ejemplo, la falla más importante que cometemos es la extrema aversión al riesgo – confundido con volatilidad, en este caso – que nos impide invertir en acciones la mayoría de nuestros ahorros, como sería lógico de acuerdo con la evidencia lógica e histórica. Esta aversión al “riesgo”, entendido como volatilidad, es el error más caro de todos, pues elimina una posibilidad evidente de incrementar el valor adquisitivo de los ahorros con un mínimo de riesgo real.

La paciencia es la clave del proceso inversor, permitiéndonos dominar los impulsos miopes. Una solución es invertir cada cierto tiempo una cantidad, digamos el día 1 de cada mes, bajo cualquier circunstancia. Otra forma de ayudar es hacer un seguimiento de la cartera lo más espaciado posible.

Otros problemas también muy frecuentes son el exceso de confianza y el exceso de información.

Con esto podemos intentar definir al inversor ideal: una persona paciente, que invierte a largo plazo, disfrutando del camino y no tanto del resultado, que no se deja llevar por las emociones, con convicciones pero con ganas de aprender. Ninguno conseguimos ser ese inversor, pero merece la pena esforzarse e intentar sin descanso parecernos a él.

26 ideas mínimas y 1 idea máxima

Al final de “Invirtiendo a Largo Plazo”, García Paramés incluye una lista de 26 ideas mínimas y 1 idea máxima para invertir de manera rentable a largo plazo y disfrutar haciéndolo (muchas de estas ideas resumen de manera concisa los principios contenidos a lo largo del libro).

Algunas de las ideas de «Invirtiendo a Largo Plazo» que nos parecen más interesantes son las siguientes:

  • Invierte sólo en aquello que entiendes
  • Si no sabes qué hacer, invierte en índices.
  • Sé propietario de acciones, a través de cualquiera de las posibilidades que hay.
  • Estudiamos empresas, no la bolsa.
  • Conoce el pasado, pero cuidado con extrapolar
  • Los especuladores y la volatilidad son nuestro amigos, cuanto más haya, mejores resultados obtendremos a largo plazo.
  • Entender por qué actúan los demás, cómo lo hacen y por qué y cómo lo hacemos nosotros mismos, es la esencia de la inversión prudente y con éxito.
  • Recorre los caminos donde no haya gente. Compra lo que nadie quiere.
  • Disfruta del proceso. El camino es más interesante que el destino final.
  • Piensa, no hagas modelos.
  • Lee. En este sentido el libro incluye un segundo apéndice con una muy extensa y excelente bibliografía que te puede ayudar a encontrar otros excelentes libros como lo es este.
  • Sé optimista. Haber nacido en 2016 (año de publicación del libro) es mucho mejor que haberlo hecho en 1963 (año en que nació su autor).

Por último encontramos la máxima que resume en una sola frase todo el libro: invierte en acciones todos tus ahorros no necesarios para un futuro cercano.

Conclusión de «Invirtiendo a Largo Plazo»

En este artículo hemos visto las principales ideas contenidas en «Invirtiendo a Largo Plazo», un excelente libro que nos permite entender por qué es tan importante invertir en acciones de empresas cotizadas nuestros ahorros no necesarios a corto plazo.

Sin embargo, el libro contiene muchos más consejos y astucias tanto teóricos como prácticos para invertir en bolsa de manera rentable largo plazo y disfrutar del proceso de inversión. Por todos estos motivos aconsejamos encarecidamente leer el libro pues es un magnífico libro del que todos tenemos mucho que aprender, sea cual sea nuestro nivel de conocimiento del mundo de la bolsa y de las inversiones más en general.

Para todos aquellos lectores que quieran hacerse con el libro, lo podrán hacer pinchando en el siguiente enlace: «Invirtiendo a Largo Plazo – Mi Experiencia Como Inversor«.

Esperamos que te haya gustado el resumen. Si tienes cualquier duda sobre este artículo que resume el libro “Invirtiendo a Largo Plazo” de Francisco García Paramés, o si ya has leído el libro y quieres compartir tus impresiones con los demás lectores, no dudes en dejar un comentario. ¡Muchas gracias por adelantado!

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