El sector tecnológico en general (y la ciberseguridad en particular) puede experimentar episodios de alta volatilidad.
La rápida evolución tecnológica puede hacer que las soluciones de hoy queden obsoletas, y la competencia entre empresas es muy intensa.
Como con cualquier inversión en renta variable, es posible perder parte del capital invertido, especialmente si se concentra la cartera en un número reducido de valores.