Los fondos de ciberseguridad suelen ser de gestión activa: un equipo de analistas selecciona las empresas en cartera según su criterio.
Los ETFs, en cambio, son fondos cotizados que replican un índice temático de forma pasiva, con comisiones generalmente más bajas.
Los ETFs ofrecen mayor transparencia y liquidez intradía, mientras que los fondos pueden añadir valor a través de la selección activa de valores en momentos de alta dispersión en el sector, aunque con unos costes bastante más elevados.