La principal diferencia radica en la actitud ante la vida, la toma de responsabilidad y la forma de asumir los riesgos financieros.
Mientras la gente rica asume el control de su destino, piensa en grande y se enfoca en las oportunidades, la gente pobre adopta un rol de víctima y se centra en los obstáculos.
Además, los ricos eligen cobrar por sus resultados e invierten a largo plazo, mientras que los pobres prefieren la seguridad de un sueldo fijo por horas.