El sistema fiscal español establece que el mero hecho de adquirir y mantener las acciones de una IPO no genera ninguna obligación tributaria inmediata.
Los impuestos se activan únicamente al vender los títulos con ganancias (ganancia patrimonial) o al percibir dividendos (rendimiento del capital mobiliario).
Ambos rendimientos se integran en la base imponible del ahorro del IRPF, aplicando en 2026 una escala progresiva que arranca en el 19% para los primeros 6.000 € y llega hasta el 30% para importes que superen los 300.000 €.