Hay dos secuencias de lotes, una por contribuyente, porque el IRPF es un impuesto individual.
Cada cónyuge imputa la mitad de las operaciones de los valores gananciales en su propia declaración.
Y si además uno de los dos tiene acciones privativas de la misma empresa, conviene documentar bien el origen de cada lote, porque su naturaleza no cambia por vender desde una cuenta común.