Por regla general, las entidades financieras no conceden un préstamo que equivalga al 100% del valor de los activos que dejas en garantía.
El importe solicitado que finalmente te concederán se situará habitualmente en una horquilla de entre el 50% y el 80% del valor total de tu cartera.
El banco exige que el porcentaje restante permanezca inmovilizado como un margen de protección ante posibles caídas de cotización del mercado. La volatilidad del activo determina este límite: cuanto más arriesgado sea el bien, menor será el porcentaje de financiación que te otorgarán.