Con deflación, el dinero compra más porque los precios bajan, pero eso no siempre mejora tu situación.
Si los precios caen, las empresas suelen vender y ganar menos, lo que puede frenar los salarios y el empleo.
Además, las deudas pesan más en términos reales, porque sigues debiendo la misma cantidad nominal mientras tus ingresos pueden estancarse o bajar.