En ciertos países, el testamento entra en vigor tras el fallecimiento del otorgante y exige pasar por el proceso de sucesión, con todos los trámites legales y costes que ello implica.
El fondo fiduciario, en cambio, puede estar operativo en vida del otorgante y permite transferir activos a los beneficiarios de forma más directa y rápida, sin necesidad de testamentaría.
Sin embargo, en el caso español, solo se usa en el marco de un testamento.