La diferencia reside en cómo gestionan los dividendos que reparten las empresas que componen la cesta del fondo.
En un ETF de acumulación, los dividendos no se entregan al inversor, sino que se reinvierten automáticamente en el propio fondo, lo que aumenta el valor de tu participación.
En cambio, los ETFs de distribución abonan periódicamente los dividendos generados directamente en la cuenta de efectivo del inversor.