Este metal precioso e industrial encadena cuatro años consecutivos en una situación de déficit estructural.
Las reservas mundiales se están agotando progresivamente, previéndose que las existencias disponibles caigan hasta cubrir apenas tres meses de la demanda global.
Como la oferta minera está muy concentrada y no puede reaccionar con rapidez para aumentar la producción, la escasez del metal impulsa con fuerza las expectativas de su precio a largo plazo.