Puede merecer la pena precisamente por lo contrario de lo que suele pensarse: por el corto plazo, no a pesar de él.
Con pocos años por delante, el efecto de la deducción pesa mucho más que el interés compuesto, y el diferimiento fiscal es casi inmediato.
El riesgo se traslada al perfil de inversión: acercarse a la jubilación con un plan de renta variable pura obliga a poder esperar si el mercado corrige justo en el momento del rescate.