Sí, y Kahneman dedica una parte del libro a demostrarlo con datos de asesores financieros profesionales.
Al analizar sus resultados a lo largo de varios años, la consistencia entre un año y el siguiente resultó prácticamente nula, lo que apuntaba a suerte y no a habilidad.
La diferencia con el particular es que el profesional tiene procesos y controles que amortiguan el sesgo.
El sesgo, sin embargo, está igual de presente.