No, aunque hoy se solapen mucho. Un ETF de semiconductores compra fabricantes de componentes, mientras que uno de inteligencia artificial suele incluir también software, plataformas y servicios.
La diferencia importa en el largo plazo: si el valor de la inteligencia artificial acaba capturándolo el software y no el hardware, ambas cestas se comportarán de forma muy distinta.
Y hay una tercera vía que se suele olvidar: la infraestructura física que necesita la inteligencia artificial, es decir, los centros de datos, las redes eléctricas y los sistemas de refrigeración. Comparte el mismo motor de demanda que los chips, pero con valoraciones y riesgos distintos.