La correlación entre oro y Bitcoin a largo plazo es de apenas el 6 %, lo que significa que se mueven por dinámicas completamente distintas.
Esta baja correlación es precisamente lo que les hace tan valiosos cuando se combinan en una cartera: el impacto negativo de uno puede quedar compensado por el comportamiento del otro, mejorando la rentabilidad ajustada por riesgo del conjunto.