Los rendimientos de una actividad económica van a la base general del IRPF y se suman a tus ingresos del trabajo.
Antes de facturar necesitas darte de alta censal en la Agencia Tributaria y valorar el alta en el régimen de autónomos.
Los intereses y los dividendos siguen otra vía distinta y tributan en la base del ahorro.
Consulta tu caso concreto con un asesor fiscal, porque los umbrales y las obligaciones varían según tu situación.