Como orientación general, la suma de ambos activos no debería superar el 10-15 % del total de la cartera para la mayoría de perfiles.
El reparto concreto entre uno y otro depende de tu horizonte temporal, tu tolerancia a la volatilidad y tu situación patrimonial.
Perfiles jóvenes con horizontes largos pueden permitirse más peso en Bitcoin. Perfiles próximos a la jubilación suelen necesitar más oro y menos cripto.