Recibes el valor que te corresponda de la liquidación, que puede ser inferior al dinero invertido.
La gestora comunica la liquidación con antelación, vende los activos de la cartera y te abona el efectivo resultante.
El problema es fiscal y de oportunidad: la inversión se liquida aunque no quisieras vender y se materializa la plusvalía o la minusvalía. Puedes reinvertir en otro producto, pero no mantener ese ETF esperando una recuperación.