Desde 2018, esta normativa, junto con el Reglamento PRIIPs (que obliga a entregar al minorista el documento de datos fundamentales o KID), restringe al inversor particular la posibilidad de comprar ETFs que no dispongan de este documento traducido, algo que afecta principalmente a los ETFs domiciliados fuera de la UE.
Sin embargo, existen multitud de alternativas dentro de la Unión Europea que replican fielmente esos mismos índices americanos y cumplen con toda la regulación vigente.