Un TER bajo implica que una mayor parte de la rentabilidad del fondo llega al bolsillo del partícipe.
Un TER alto supone un lastre permanente sobre la rentabilidad, que se agrava exponencialmente cuanto más largo es el horizonte de inversión.
Como has visto en el ejemplo de este artículo, la diferencia entre un TER del 0,20% y uno del 2,00% puede superar los 10.000 € en una inversión de 10.000 € a 20 años.