Porque el libro tiene dos problemas distintos que se confunden entre sí: es difícil de leer y una parte de su evidencia ha sido cuestionada.
Muchos lectores lo abandonan por el estilo, no por el contenido.
Otros lo descartan entero por el capítulo del cebado, cuando el resto del libro sigue vigente.
Separar las dos críticas ayuda a leerlo con expectativas realistas.