Aunque es la medida económica más popular, el Producto Interior Bruto deja fuera de su contabilidad factores fundamentales para el bienestar global.
No contabiliza las tareas del hogar ni los trabajos de cuidados no pagados, ignora la actividad correspondiente a la economía informal o sumergida y no mide la brecha social ni la desigualdad en el reparto de los ingresos.
Además, omite el impacto medioambiental y la sostenibilidad de los recursos del planeta.