El dinero disponible compra menos cada mes, lo que obliga a las familias a priorizar los gastos básicos y reducir el ocio.
Además, la situación provoca una mayor incertidumbre laboral, haciendo que las empresas congelen contrataciones o aumenten los desdespidos.
Por último, se genera una mayor desigualdad social, afectando con más fuerza a los grupos de población más vulnerables.