La rentabilidad dependerá de factores como el avance tecnológico, la evolución de las políticas energéticas y la demanda global de soluciones sostenibles.
El sector presenta un potencial de crecimiento notable, pero también implica riesgos significativos, al tratarse de un mercado todavía en fase de maduración.
Por eso, conviene plantearlo como una inversión a largo plazo y dentro de una cartera bien diversificada.