No recomendamos utilizar los brókeres de los bancos tradicionales. El motivo principal es que suelen tener comisiones mucho más elevadas y menos competitivas, ya que a menudo deben subcontratar el servicio de brokerage y repercuten ese coste al cliente final. Además, su oferta de productos y mercados suele ser bastante más limitada en comparación con los brókeres especializados.