En la fase de expansión, los mercados financieros suelen subir, con precios accesibles y buen apetito por riesgo.
Durante el auge, los precios tienden a alcanzar máximos históricos, aunque puedan advertirse señales de sobrevaloración.
En la recesión, los mercados suelen caer, afectando la mayoría de activos, y la incertidumbre aumenta.
En una depresión, suele haber una caída generalizada del valor de los activos y un sentimiento de pesimismo predominante.