La clave está en no depender de una sola inversión ni de un solo sector.
Puedes combinar distintos tipos de activos como la bolsa, el inmobiliario o los negocios online, de modo que si uno atraviesa una mala racha, los demás compensen.
Dentro de cada categoría, también conviene diversificar: por ejemplo, invertir en varias empresas a través de ETFs en lugar de apostar todo a una sola acción.