Actualmente, producir hidrógeno verde cuesta entre tres y cinco veces más que el hidrógeno gris, lo que limita su competitividad frente a los combustibles fósiles.
Sin embargo, los avances en tecnología de electrólisis y la reducción del precio de la electricidad renovable están acortando esa brecha progresivamente.
A medida que los costes disminuyan, la rentabilidad del sector debería mejorar considerablemente.