Las expectativas juegan un papel decisivo, porque los agentes económicos anticipan el futuro y ajustan su comportamiento en consecuencia.
De este modo, si los consumidores y empresas esperan un aumento de la inflación, pueden actuar de manera que estas expectativas se integren en los salarios y precios.
Esto neutraliza los efectos beneficiosos temporales que podría tener una política monetaria expansiva, obligando a las autoridades a adaptar constantemente sus estrategias.