Los fondos indexados permiten el diferimiento fiscal cuando se traspasan a otros fondos, lo que aplaza los impuestos hasta el momento del retiro final.
Los ETF, en cambio, no ofrecen diferimiento fiscal al venderse, pero pueden reinvertir los dividendos si son de acumulación, aprovechando el interés compuesto.
Además, los ETF suelen tener comisiones más bajas que los fondos de gestión activa, lo cual beneficia la rentabilidad neta.